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Vacas sagradas

Las vacas son animales sagrados para el Hinduismo y por eso no pueden ser molestadas. Se las considera la representación de la Madre Tierra e incluso están legalmente protegidas en algunas regiones de la India, donde vagan libremente por sus calles. Esta circunstancia ha llevado a utilizar el término “vaca sagrada” en personas que gozan de un estatus o protección especial, que les hace inmunes a cualquier mandamiento ajeno. Muchos Compliance Officers pensarán en unas vacas sagradas que no deambulan por la India sino bastante más cerca: en las oficinas de sus organizaciones.

Para Compliance, una “vaca sagrada” es una persona de la empresa aparentemente inmune a las exigencias de cumplimiento y sobre la que difícilmente puede ejercer corrección, al ser su conducta conocida y tolerada por la máxima dirección. Esta condescendencia puede deberse a diferentes circunstancias, siendo la más común su contribución al negocio en términos económicos. Son normalmente personas cuyos éxitos conforman el patrón a seguir y así son exhibidos frente a todos. Juzgarlos de manera crítica es poco menos que imposible, pues tal ejercicio será interpretado en clave de envidia, rencor o cualquier otra baja pasión.

La inmunidad de que gozan estas personas les otorga una gran discrecionalidad en sus actuaciones, lo que incrementa la oportunidad de desarrollar conductas contrarias a los valores de cumplimiento y cometer eventuales irregularidades. Recordemos que disponer de buenas “oportunidades” constituye uno de los vértices del conocido triángulo del fraude, que ilustra los tres factores clave que propician este tipo de conductas corruptas. Desde la función de Compliance es difícil reformar a estas personas, pues las recomendaciones de cumplimiento les pueden molestar o directamente conculcar su modus operandi. Además, gozan de la cobertura de la máxima dirección, lo cual los hace prácticamente invulnerables a cualquier acción correctiva que impulse la función de Compliance.

Es un error demonizar a esos perfiles por cuanto, no olvidemos, son muy importantes para el negocio. El reto es incorporar los valores de cumplimiento en su conducta, si todavía no lo han hecho. No es un desafío que pueda lograse en un día, sino mediante formación y sensibilización continuas. Pero esas recomendaciones, en los casos recalcitrantes, entrarán por un oído y saldrán por el otro. Hay entonces que tomar ventaja de uno de los recursos más poderosos de Compliance: la transparencia, mostrando la cruda realidad a quienes sí están en disposición de corregir su conducta.

Los estándares más modernos sobre Compliance contemplan no sólo la proximidad de esta función a la máxima dirección, sino la necesidad de reportes periódicos a la misma. En el Test número 6 de este blog hablé de ello, distinguiendo entre comunicaciones recurrentes y memorias anuales. Pues bien, estas herramientas sirven para exhibir la situación tal cual es, para el conocimiento de aquellos que tienen la responsabilidad de actuar. Existen muchos modos de poner en evidencia desviaciones de cumplimiento e incluso de subrayarlas: pueden mostrarse datos estadísticos sobre KPIs de cumplimiento en un periodo (asistencia a cursos, firma de confirmaciones anuales, no conformidades, etc), pero también pueden destacarse los supuestos de persistencia, sus causas raíz y sugerencias correctivas. No sólo se identificará  personas, sino también áreas o colectivos afectados. No se trata de cargar las tintas, sino exponer las cosas tal cual son, “sin acritud”, que decía un célebre político español. Esta transparencia puede incomodar a los receptores de la información, pues, reporte tras reporte, se hará cada vez más patente la existencia de “vacas sagradas” así como la pasividad frente a ellas. Esa apatía reiterada conlleva un grado de responsabilidad, pues la inacción frente a los colectivos indolentes respecto de sus obligaciones de Compliance constituye una contravención obvia de las pautas de diligencia exigidas por la Ley.

Sabiendo que los reportes de cumplimiento obligarán a actuar a quienes sean informados, no cabe descartar una reacción en sentido equivocado, esto es, dirigida precisamente contra la propia función de Compliance a modo de crítica o reproche. Para prevenir estos escenarios se precisa una función de Compliance independiente, circunstancia que, en sociedades cotizadas, trata de conseguirse estableciendo que sus responsables sean designados, evaluados y cesados por la comisión de nombramientos, y que la propia función reporte, además, a un órgano que integre consejeros independientes (la comisión de auditoría por ejemplo). Es cierto que, fuera de estos escenarios especialmente blindados, la protección de la función de Compliance sigue siendo un tema mal resuelto, aunque no por ello debería de dejar de informar sobre la realidad, so pena de llegar asumir personalmente responsabilidades por encubrir informaciones que un tercero –eventualmente un Juez- considere trascendentes para evitar la causación de daños.

El colectivo de “vacas sagradas” en las empresas debería reducirse en beneficio de su buen gobierno, pues nunca aportó buenos réditos la existencia de personas que se sepan inmunes a las normas y al control. De hecho, bastantes casos de corrupción y fraude guardan relación con este colectivo, titular, como he señalado antes, de uno de los tres condicionantes de este tipo de conductas desviadas. En el Test que publico ese mes encontrarás algunas preguntas esenciales que te permitirán una primera valoración de idoneidad de los modelos de prevención de la corrupción, sobre la base de las mejores prácticas internacionales al respecto. Encontrarás algunas recomendaciones que te permitirán detectar este tipo de supuestos, aun cuando impliquen a los ungidos con la protección de los Dioses.

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